Pétalos del color del sol
Desde que te regalé el primer “girasol” digital en aquel escrito de 2021, empecé a resignificar las flores en mi mundo. Años después, fuiste la primera persona a quien le regalé flores. Fue entonces cuando pude regalarte un girasol real.
Siento que esta plática ya la hemos tenido, y estoy casi seguro de que sí, pues hace un tiempo te escribí una carta que nunca te di, que iba acompañada de una pintura en acuarela de un girasol. Esa carta sigue cerrada. No recuerdo casi nada de lo que dice y permanecerá así, a menos que en alguna ocasión tenga la oportunidad de entregártela. Mientras tanto, sigue en mi escritorio, a los pies del cuadro con la pintura. Una foto de ese cuadro llegué a mostrártela por mensaje en alguna ocasión, o eso creo.
En fin, las flores siguen presentes en mi vida de diversas maneras, sobre todo los girasoles. Existe algo llamado ilusión de frecuencia: cuando empiezas a poner atención a algo, comienzas a verlo por todas partes. Pues no sé si sea un sesgo mío, pero desde 2021 los girasoles han estado constantemente formando parte de mi vida, a veces por decisión propia y otras por casualidad.
Aquel girasol de acuarela fue en diciembre de 2025.
A principios de mayo de 2026, los girasoles volvieron a aparecer en mi vida con una canción de uno de mis artistas favoritos. Antes de que el mes pasara de página, pude conocer a ese artista. Lo recuerdo muy bien: fue un viernes. Ese día, antes de conocerlo, pasaron muchísimas cosas. Fue un día bastante complicado, un vaivén de emociones que me hizo llorar demasiado, aunque todo eso amerita una historia aparte.
La noche de ese día cambió el ritmo emocional que llevaba desde la mañana. Me sanó de algo que un día antes no sabía que estaba por sentir. La madrugada del sábado regresé a casa con cafeína en la sangre, emociones aún floreciendo y muchas cosas por contar.
Me senté en aquel escritorio donde está el girasol y me dio la mañana nueva mientras terminaba de narrar lo que mi mente y mi alma querían expresar. Con música, las ideas fluían una tras otra, como gotas de la lluvia que tanto me gusta.
Tengo muchos proyectos en desarrollo y, desde hace unos años, trabajo en uno que para mí es el que más me importa y me emociona.
En la transición de ese viernes al sábado nació “Girasoles”.
Ese artista, cuyo trabajo tanto me apasiona, me dio muchos consejos, escuchó todo lo que me estaba pasando y me dijo las palabras que no sabía que necesitaba. Como último gesto, me regaló un dibujo de un girasol improvisado en el momento.
Ese garabato es el cimiento perfecto de lo que será el “sello” de “Girasoles”.
Y aunque no puedo darte detalles, quiero aprovechar estas fechas para contarte todo lo anterior, pues todo parte de que, en el ya lejano 2021, te regalé un “girasol” que solo fue creciendo más y más hasta convertirse en algo más grande de lo que pude haber imaginado.
Si todo sale según lo planeado y en algún momento llegas a ver el resultado de aquello a lo que me refiero, quiero que sepas que siempre estará presente tu nombre en las dedicatorias futuras que esperan ser escritas.
No sé por qué la gente regala flores amarillas por furor,
a mí no me interesaban las flores, sea cual sea el color.
Ahora solo me gustan las flores amarillas,
y aún me ciega el rosa de tus mejillas.
Aún me quedan sueños por alcanzar
y cientos de ramilletes por regalar.
Estoy intentando “pilotar” para retomar el
control.
Para ti, pétalos del color del sol.
Fernando L.